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Gilbert y Katherine

La calle principal, completamente concurrida; como era de esperar del centro de Munich. Unas campanadas lejanas me taladran el oído. ¡Las cinco! No sé cómo ni de dónde, me asalta una señora, choca conmigo y todos los papeles que había de llevar al ayuntamiento caen al suelo, junto con la compra de la campesina. La mujer está a punto de bufarme cuando se para, me mira y se muerde la lengua. –Pe... perdone, señorita Eisenberg. Enlace de compra (Amazon)

Barrio Salamanca

La primera vez que pisé el barrio Salamanca fue cuando tenía ocho años. Mi padre nos abandonó cuando yo era muy pequeña y mi madre trabajaba en un taller de costura. Como no podía permitirse una niñera, después del colegio una vecina me llevaba hasta el taller de costura donde trabajaba y la acompañaba el día entero. Al principio todo me parecía maravilloso. Me perdía entre las telas llenas de pliegues y estampados coloridos, algunas suaves y otras más rasposas, bordadas o lisas. Hilos de todos los tonos inimaginables y un mar de botones, todos distintos y todos bonitos. Mi madre estaba siempre cosiendo y aunque me permitía curiosear un poco, no me dejaba tocar nada, y acababa cansándome a las pocas horas. Así que normalmente pasaba la tarde en un parque que había justo enfrente del taller, que tenía un banquito bajo la sombra de un árbol, una fuente que goteaba, un tobogán de metal y un pequeño columpio. La calle no era muy transitada y nunca tuve ningún problema. Pero un d...

Princesa de Biblioteca

Muy poca gente lo sabe, pero los libros tienen una capacidad asombrosa. Pueden hacer cosas fascinantes. Algunos te llevan a lugares exóticos, otros te dan a conocer criaturas fantásticas, gente nueva. Paisajes increíbles, hechos extraños, culturas sorprendentes. Vivir aventuras maravillosas. Los sucesos más extraordinarios que se puedan imaginar, en la palma de la mano. El aire que se levanta cuando ojeas rápidamente las páginas, ese olor que te embriaga, te llena por completo como un sutil avance, apenas un susurro casi imperceptible, de la historia que uno sostiene entre sus dedos. La oscura tinta impregnada en las hojas, como si siempre hubiera estado ahí, como si nadie hubiese impreso las palabras; como si formasen parte del papel desde siempre. El tacto de las páginas, de las tapas, cuando se acarician con las yemas de los dedos y con el cuidado de quien posee el más valioso de los tesoros. Para una persona que ama los libros de esa manera, ¿Podrías imaginar lo que supondría no...